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Motos se ubica en el extremo suroriental de la provincia de Guadalajara, a 1.419 m de altitud en la falda de solano del cerro llamado de la Abadía o del Castillo. Su término, fusionado con el de Alustante desde 1970, tiene una extensión de 3.138 Has.
Limita al este con Ródenas, al sur y este con Orihuela, y al oeste y norte con Alustante y Tordesilos. El río Gallo y el camino de Ródenas a Alustante, en algunas de sus partes, sirvieron de límite natural con éste último pueblo, por el poniente y el norte, respectivamente; mientras que con Tordesilos sólo limitaba en el vértice que marcaba el mojón de las Cuatro Esquinas.
En la actualidad el acceso a Motos se hace por una carretera provincial de 3 km de longitud que parte del km 2,3 desde la CM 2112 (El Pobo–límite con Orihuela del Tremedal). |
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Motos pudo surgir, tal vez, como una pequeña aldea fortificada tras la reconquista de los territorios de Molina y Albarracín. Su nombre sugiere el emplazamiento en una “mota” o cerro, defendido por algún tipo de edificio defensivo, como fue el caso efectivamente. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en el término de Motos existe un paraje denominado Villar Viejo, quizá haciendo referencia a algún conato poblacional surgido en la repoblación del territorio y que desde luego no fraguó. En este caso, sólo la arqueología podría determinar la antigüedad de ese posible asentamiento.
Aparte de Villar Viejo, muy cerca de mojonera de Orihuela existió una masía denominada Santa María que todavía en el Diccionario de Madoz, a mediados del siglo XIX, se hace eco de su existencia. Aunque en los últimos siglos fue propiedad particular, existen tradiciones locales que hablan de la existencia allí de un pequeño cenobio femenino.
No obstante, se tiene una noticia recogida por el erudito Collado (s. XIX) sobre el traslado al convento de Trinitarios Descalzos de Royuela, de la imagen de la Virgen de los Dolores proveniente de “la Casa llamada Santa María de Motos por el Padre Fr. Aparicio, ministro de Valencia y fundador de este convento [de Royuela] en el año 1270”. Hasta hace no mucho se conservaba memoria de haber estado habitada, mostrándose en la actualidad los arranques de los arcos de acceso a distintas dependencias del edificio, entre ellas lo que parece ser una capilla.
El Lcdo. Núñez, quien fuera vicario de Molina a finales del siglo XVI, señala que Motos fue “diferente de los otros [pueblos] de Tierra de Molina porque, con ser del suelo de Molina y de su jurisdizion en lo secular, es en lo eclesiástico del reino de Aragón y pertenece su yglesia con sus diezmos al obispo de Albarracín desde su fundación y, aun, con los frutos que allí cojen y los trahen a el lugar de Alustante se ha dado por aora sentencia que se diezmen en Motos para los que allí tiene sus partes”.
La razón de esta dualidad que se prolongó hasta el año 1956, en que se integra en la actual Diócesis de Sigüenza y Guadalajara, la explica Almagro Basch entendiendo que Motos pudo haber sido en principio una posesión de los Azagra, señores de Albarracín, y que, al pasar por alguna razón quizá política al suelo de Molina, hubiese quedado como enclave eclesiástico de Albarracín. Este hecho, junto a la cercanía del camino que unía Albarracín y Molina, hizo que, como queda dicho, Motos se convirtiera en medianedo o lugar a propósito para acuerdos entre ambas partes, instituyéndose en 1366 como puesto de peaje para los vecinos de Albarracín que deseaban ir a vender a Molina mercadurías y ganado.
Antes del intento de señorialización que protagonizó el caballero Beltrán de Oreja, y tras su retorno al realengo, Motos siempre participó en los asuntos de la Comunidad de la Tierra, ocupando sus representantes el undécimo asiento de la sexma de la Sierra en las Juntas Generales que se celebraban en Molina anualmente.
En la actualidad es pedanía de Alustante, tras el proceso de fusión voluntaria entre ambos pueblos, cuyo expediente se inicia con las sesiones de los Ayuntamientos de Motos y Alustante de 2 y 6 de noviembre de 1968, respectivamente, en las que se acuerda por unanimidad el inicio de los trámites. El proceso finaliza con la publicación en el B.O.E. (24-II-1970) del Decreto 448/1970 de 12 de febrero, por el que se aprobó dicha fusión. En este Boletín también se publican las fusiones de Rueda y Cillas, y de Anguita, Santa María del Espino y Villarejo de Medina (Guadalajara).
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A fines del siglo XV se producen en Motos y sus alrededores unos hechos que marcarán la historia del pueblo durante mucho tiempo y que, habiendo pasado al acerbo popular en forma de tradición oral con diversas versiones, el Lcdo Núñez cuenta así la historia: “El caballero de Motos unos dicen era natural de Hyta, junto a nra Señora de Sopetrán; otros dize[n] que vino a vivir allí por el caso que se dirá, que fue desta suerte: que por auer venido desde Hyta a esta tierra le llamaban el caballero de Hyta porque se mudó el nombre, pero su nombre propio era Beltrán de Oreja; fue en tiempo del rey Dn Enrique el quarto de Castilla”
Núñez relata a continuación la caída en desgracia del caballero: “dízese de él que era prinzipal hombre y caballero de noble gente y que auiendo venido a las cortes que el rey auía convocado, tubo zierta ocasión con zierto caballero criado del rey y le dio un bofetón, por lo qual, o el rey lo desterró o él se ausentó por miedo del rey, y se vino a Hyta y desde allí escribió al rey de Aragón que, si era su voluntad reciuirle en su seruizio, le yría a servir con su persona y hazienda; el rey le respondió que le plazía de ello con tal condición que por esto no descontentase al rey de Castilla; por lo qual él se tubo por despedido del rey y no teniéndose por seguro en Hyta se vino a Molina y bien a la ligera, que sólo dizen que trajo sus armas y cauallo y uno o dos criados consigo”.
Durante su estancia y necesario avecinamiento en Molina, según ordenaba la ley foral, parece ser que ocupó el cargo de caballero de sierra, guarda de los montes del Señorío, lo cual le habría permitido un perfecto conocimiento del territorio, “por lo qual dicen algunos que después se llamó el cauallero de Motos, por auer sido cauallero de sierra en Molina, pero en efecto lo mas zierto es que era cauallero de su nación y hombre de a caballo y por esso le llamaban ‘el caballero’, pues andando en su exerzizio de cauallero de sierra zerca del lugar de Motos, le pareció aquella tierra acomodada para sus fines, por estar a la raya de ambos reynos de Aragón y de Castilla y poderse pasar del uno al otro quando le fuese necesario”.
Efectivamente Motos, no sólo se encontraba entre dos reinos, sino que se ubicaba en un importante nudo fronterizo de jurisdicciones eclesiásticas y civiles: diócesis de Albarracín, Sigüenza y Zaragoza; comunidades de Molina, Albarracín, Daroca y Teruel. Por otro lado, como se ha dicho, desde Motos se controlaba el paso del camino de Albarracín a Molina y por extensión paso potencial de Valencia al norte de Castilla.
“Y así hizo allí su principal asiento y edificó una torre fuerte o castillo, y compelido con la necesidad y con la poca resistencia que en aquellos tiempos allaban en la justicia - porque en tiempo del rey Dn Enrique quarto vivía cada uno en la ley que quería- siendo como era belicoso y valeroso, hazía mucho daño a quien le daba gusto en toda esta tierra, por lo qual para defenderse los zircunvezinos, así de Castilla como de Aragón, hubieron de fabricarse a esta sazón muchas torres y castillos, que entonzes, compelidos con la necesidad dicen que en solos 80 días hizieron en Orea aquella casa fuerte sin ventana ninguna en que al presente vive el cura, y dentro de Aragón reedificaron torres y pusieron en ellas alcaydes y esto como lo hizieron en Albarracín, en Ródenas, en Celda, en Perasese (sic) y en otros pueblos. Y sucediéndole las cosas a este cauallero de Motos prósperamente, trajo a su muger y hermanos y auiendo cobrado amistad y deudo con algunos principales, así en esta tierra como en Aragón, zessó de enojar y agrabiar a nadie como lo hazía al prinzipio y así vivió quieto algún tiempo hasta que, estando en su castillo de Sn Gines, cayó malo y se hizo llebar a Motos a donde tenía su principal habitación y allí murió a donde dicen que acudió mucha gente principal a sus entierros”.
Efectivamente, las aldeas de Albarracín, Daroca y Molina, tuvieron que tomar medidas: levas, fortificaciones, etc. para contener las acciones de bandolerismo de este noble. Claro está que, dependiendo de las fuentes manejadas, la historia del caballero de Motos difiere en detalles, y así parece ser que el tal caballero no murió en su cama, en Motos, sino en una prisión del castillo de Almonacid (Toledo), habiendo estado preso, al menos desde 1477; lo que sí parece claro es que estos hechos se encuentran insertos en el proceso de señorialización que padecen algunas aldeas de Molina por parte de algunos nobles o potentados ennoblecidos, lo cual explicaría la resistencia del propio Concejo de Motos a que el pueblo fuera enajenado del realengo.
Zurita pone de manifiesto la destrucción de la torre de Motos por orden de Fernando II de Aragón en 1479: “En el mismo tiempo mandó el rey derribar la torre y castillo de Motos, en Castilla, en la frontera de la Comunidad de Daroca, por los robos insultos que dél hacían los malhechores que se recogían a aquella fuerza, de donde se hacía mucho daño en las fronteras de Aragón y Castilla”.
Núñez dice que todavía en su tiempo, a fines del XVI, había “en este lugar una torre fuerte que la hizo el caballero de Motos”, pero en este caso parece que se equivoca porque en un documento del Archivo General de Simancas fechado en Toledo, el 13 de enero de 1480, se da merced por parte de los Reyes Católicos a Pedro de Motos, hijo del caballero, para aprovechar todo el canto y piedra de la fortaleza mandada derribar por ellos. Por lo tanto, aunque todavía se conserva vigente el topónimo de El Castillo (incluso en los planos y cédulas catastrales más actuales), cualquiera que venga en busca los restos de una fortaleza, en lo alto del cerro sólo encontrará unas excelentes vistas, nada más.
Este Pedro de Motos, o Pedro Malo de Motos, es denominado en ocasiones señor de Motos, y parece ser que siguió hostigando a la población del lugar (así se queja de él el Concejo de Motos en 1492 a los Reyes), aunque desde luego su crueldad y ambición no debieron de ser tan extremadas como las de su padre. Lo que sí parece claro es que el poder económico, basado en la ganadería y el comercio de la lana se mantenía en aquella casa, siendo la segunda más rica de la Tierra de Molina, detrás de la de Juan Malo de Tordesilos, con una renta anual valorada en 28.000 maravedíes, y el privilegio de ser “casa salvada”, esto es, exenta de tributos reales.
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