Despoblado de Santa Maria

Un convento olvidado

Merece la pena traer, como apunte final de este viaje a Motos, a la lejana población molinesa que se funde en la frontera fría con Aragón, un detalle que nos da Diego Sanz Martínez en su reciente libro “Alustante paso a paso”. Es el hecho de que la tradición oral mantiene vivo el recuerdo de la existencia de un ‘convento de monjas’ en lo que hoy son las ruinas de Santa María. Poco se sabe de aquella fundación, pero se piensa que pudo estar en conexión con el convento trinitario de Santa María de Royuela, y haber tenido alguna relación funcional con el mismo. Siempre según Sanz Martínez, el traslado del culto conventual desde Motos a Royuela se habría producido, según se ha mantenido tradicionalmente, hacia el año 1270, si bien algunas investigaciones recientes retrasan este hecho a principios del XVI. Dicho convento estuvo dedicado a Nuestra Señora de los Dolores, advocación mariana que alcanzó a ser considerada como patrona de la Comunidad de Albarracín. Lo único cierto de tanta leyenda es que en las actuales ruinas de lo que hasta el siglo pasado fue un gran edificio utilizado como masía, se pueden ver todavía los restos de la nave de una iglesia con ábside poligonal. Una curiosidad, un misterio, un halo de leyenda que, como en todos los rincones del Señorío de Molina, queda flotando sobre el remoto confín de Motos.