El caballero de Motos


El Caballero de Motos.

La frontera entre la Leyenda y la Historia

Caballero-portada de Tirant Lo Blanc
Caballero-Portada de Tirant Lo Blanc

Durante siglos se ha mantenido en los pueblos de la Sierra de Molina el relato de unos hechos acaecidos en el siglo XV que causaron tal impresión en la memoria colectiva que la tradición ha llegado casi hasta nuestros días, de modo que incluso, muchos hemos llegado a conocerla a través de nuestros abuelos. Quizá fue Layna Serrano el primero que revisó la historia del caballero de Motos en el siglo XX en su libro Castillos de Guadalajara (1933) (1). También, con mucho menor rigor, trató el tema José Sanz y Díaz en artículos como “Leyendas molinesas: La cautiva del castillo de Motos” (1947) (2) y “Alustante y el caballero de Motos” (1979) (3). Aunque breve, el capítulo que Layna dedica al caballero sirve para recuperar la figura de este malhechor feudal (4). Efectivamente, en una sociedad rural razonablemente leída como era la molinesa, el libro Castillos de Guadalajara fue conocido en sus diversas ediciones, y todavía hay personas mayores de estos pueblos que recuerdan datos sesgados de lo relatado por el Dr. Layna acerca del caballero, lo que retroalimentó la leyenda. Algo así pasaría con las fabulaciones de Sanz y Díaz.

Sin embargo, la leyenda debió forjarse muy tempranamente, pocas décadas después de los acontecimientos reales. El vicario de Molina Francisco Núñez (finales del s. XVI-principios del XVII), en su libro Archivo de las cosas notables de esta leal villa de Molina (5), trata de narrar algunos de los hechos acaecidos algo más de un siglo atrás, posiblemente consultando algún documento pero, sobre todo, echando mano de tradiciones sobre este personaje “de quien se dizen tantas cosas”:

El caballero de Motos –relata Núñez- unos dizen era natural de Hyta, junto a Nra Señora de Sopetrán; otros dize[n] que vino a vivir allí por el caso que se dirá, que fue desta suerte: que por auer venido desde Hyta a esta tierra le llamaban el caballero de Hyta porque se mudó el nombre, pero su nombre propio era Beltrán de Oreja; fue en tiempo del rey Dn Enrique el quarto de Castilla”. Núñez relata a continuación la caída en desgracia del caballero:

dízese de él que era prinzipal hombre y caballero de noble gente y que auiendo venido a las cortes que el rey auía convocado, tubo zierta ocasión con zierto caballero criado del rey y le dio un bofetón, por lo qual o el rey lo desterró o él se ausentó por miedo del rey y se vino a Hyta, y desde allí escribió al rey de Aragón que si era su voluntad reciuirle en su seruizio le yría a servir con su persona y hazienda; el rey le respondió que le plazía de ello con tal condición que por esto no descontentase al rey de Castilla; por lo qual él se tubo por despedido del rey y no teniéndose por seguro en Hyta se vino a Molina, y bien a la ligera, que solo dizen que trajo sus armas y cauallo y uno u dos criados consigo”.

Durante su estancia en Molina, parece ser que ocupó el cargo de caballero de sierra, guarda de los montes del Señorío, lo cual le habría permitido un perfecto conocimiento del territorio,

por lo qual dicen algunos que después se llamó el cauallero de Motos por auer sido cauallero de sierra en Molina, pero en efecto lo más zierto es que era cauallero de su nación y hombre de a caballo y por esso le llamaban el cauallero pues andando en su exerzizio de cauallero de sierra zerca del lugar de Motos, le pareció aquella tierra acomodada para sus fines, por estar a la raya de ambos reynos de Aragón y de Castilla y poderse pasar del uno al otro quando le fuese necesario”.

Efectivamente Motos, no sólo se encontraba entre dos reinos, sino que se ubicaba en un importante nudo fronterizo de jurisdicciones eclesiásticas y civiles: diócesis de Albarracín, Sigüenza y Zaragoza; comunidades de Molina, Albarracín, Daroca y Teruel. Por otro lado, desde Motos se controlaba el paso del camino de Albarracín a Molina, lo que confería al enclave una inmejorable cualidad estratégica.

Enrique IV de Castilla, por Jörg von Ehin-gen, c. 1455.

Y así –dice Núñez- hizo allí su principal asiento y edificó una torre fuerte o castillo, y compelido con la necesidad y con la poca resistencia que en aquellos tiempos allaban en la justicia, porque en tiempo del rey Dn Enrique quarto vivía cada uno en la ley que quería, siendo como era belicoso y valeroso, hazía mucho daño a quien le daba gusto en toda esta tierra, por lo qual para defenderse los zircunvezinos, así de Castilla como de Aragón, hubieron de fabricarse a esta sazón muchas torres y castillos, que entonzes compelidos con la necesidad dicen que en solos 80 días hizieron en Orea aquella casa fuerte sin ventana ninguna en que al presente vive el cura, y dentro de Aragón reedificaron torres y pusieron en ellas alcaydes y esto como lo hizieron en Albarracín, en Rodenas, en Celda, en Perasese (sic) y en otros pueblos. Y sucediéndole las cosas a este cauallero de Motos prósperamente, trajo a su muger y hermanos y auiendo cobrado amistad y deudo con algunos principales, así en esta tierra como en Aragón, zessó de enojar y agrabiar a nadie como lo hazía al prinzipi, y así vivió quieto algún tiempo, hasta que estando en su castillo de Sn Gines cayó malo y se hizo llebar a Motos a donde tenía su principal habitación y allí murió, a donde dicen que acudió mucha gente principal a sus entierros”.

¿CABALLERO DE SIERRA O NOBLE SEÑOR?

Como se puede observar, parecen existir dudas acerca de la extracción social del caballero de Motos, pero acaso no tanto de su condición de hidalgo como de su alcurnia. Interesa la propuesta de Núñez acerca de la pertenencia del caballero de Motos a la institución foral de la caballería de sierra (6), una guardería de pastos y montes comunes cuyo nombramiento por parte del concejo/ayuntamiento de Molina se prolongó durante los siglos XII al XIX. Su función consistía en el cuidado de la entrada de ganados foráneos a los pastos del territorio, la entrada y saca de productos, la vigilancia de cortas y la evitación de roturaciones tanto en los entretérminos y Sierra Molina, como en montes realengos y pastos comunes, los cuales suponían la mayor parte de los términos de los pueblos, de los que sólo se exceptuaban las dehesas boyales, matillas y cotos (concejiles) y las áreas de labor reconocidas oficialmente como tales. Se trató de un oficio que recayó habitualmente en la baja nobleza urbana de Molina y de otras villas y ciudades, y tanto por su omnipresencia como por sus modos de proceder contó con mala fama.

Las noticias que se tiene de ellos hablan por sí solas: a finales del siglo XIV un caballero de sierra, considerando que parte del collado de Guadalaviar era del territorio de Molina, al ver que se había sembrado en él,

se açertó a talar los panes con ganados e con cordeles echados a los caballos a los estriuos” (7). Más adelante, en el siglo XVI, son habituales las denuncias por intromisión de los caballeros en las dehesas lo-cales, incluso con episodios de pillaje como el que denuncia un vecino de Adobes en 1589 quejándose de que “no son guardas sino ladrones, porque no vienen a guardar los dichos montes sino a ver si ay que penar y no solamente no llevan las dichas penas a los labradores sino que les hazen que les den çebada y toçino y quesos y otras alhajas” (8)

. En el siglo XVIII se mantiene esta fama de prevaricadores, señalándose por el Común de la Tierra que el Ayuntamiento de Molina sigue eligiendo cada año

“a quatro personas que titulan caballeros de sierra y se dibiden por los quatro sexmos de que se compone aquel territorio, los quales (…) hazen el ajuste en particular con los vezinos [ricos], dándoles por ello amplia facultad y tolerándoles mediante este permiso de que corten, talen y destruyan los montes, según allan más apropósito de su probecho, dejando solo reservada la inbestigación y cuidado contra los pobres” (9).

La ganadería, principal riqueza del Señorío de Molina.

No es extraño, por lo tanto, que se relacionara al caballero de Motos con este cargo concejil, de fama siniestra ya durante la Edad Media, y muy posteriormente. Sin embargo, Núñez también ofrece la posibilidad de que el caballero de Motos hubiese pertenecido a una clase social más acomodada, lo que también podría ser cierto. Aunque Núñez no da el nombre del caballero de Motos antes de cambiarlo, Layna señala que se llamó Álvaro de Hita, y lo identifica con un Álvaro de Hita -mencionado por el cronista de Enrique IV, Alonso de Palencia- que tomó parte por el bando de Enrique IV en la refriega acaecida en Molina en 1466 entre los partidarios de éste y los de su hermano Alfonso. Así, Palencia dice que Hita, capitaneando a 200 caballeros, tras haber perdido casi un tercio de ellos y haber sido traicionado en una entrevista engañosa, habría sido detenido y conducido a una prisión en Almonacid (10). Es difícil saber si ambos Hita fueron uno sólo, pero, sí es cierto que ya López de la Torre en su Chorográfica descripción del Señorío de Molina (c.1746), llama al caballero de Motos, Álvaro de Hita (11).

EL PERIODO DE CONFLICTO.

Motos en las fronteras del siglo XV.

Desde luego, si por algo debió de permanecer en el folklore popular la figura del caballero a lo largo de los siglos fue por el período de inseguridad y violencia que generó en ambas partes de la frontera desde la torre de Motos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, como ha demostrado recientemente José Manuel Berges en su magnífica tesis doctoral Actividad y estructuras pecuarias en la Co-munidad de Albarracín (1284-1516), una buena parte de las acciones de pillaje que se llevaron a cabo por par-te del caballero tuvieron lugar contra las áreas vecinas de la Comunidad de Albarracín (12), aunque también se conservan noticias de incursiones de éste en la Comunidad de Daroca (13) y en la de Teruel (14). En todo caso, parece ser que Aragón fue mucho más afectado que la parte castellana, llegando a hacerse levas de hasta 90 hombres en la Comunidad de Albarracín para frenar sus acciones de rapiña al menos desde 1466, si bien la presencia del caballero en Motos ha sido documentada por Berges ya en1453.Fundamentalmente, según este autor, se trataría de prendas de ganado, con lo que, aparte del desgobierno generalizado que se da en tiempos de Enrique IV, influye otro factor: la expansión demográfica y ganadera que se está dando en el Señorío de Molina y la búsqueda de nuevos recursos ganaderos (pastos y reses) a costa de las áreas vecinas. De este modo se explicaría que no sólo el caballero sino incluso miembros de la nobleza urbana de Molina, como Diego Hurtado de Mendoza, uno de los principales potentados de la villa, ejercieran acciones desde la torre de Motos en las áreas vecinas de Aragón. Así, Berges señala que habría existido una intensificación de la vigilancia por medio de espías y la guarnición de las fortalezas de Orihuela y Bronchales. Pero también en Castilla parece que generó inquietud, como demostraría la propia intervención del corregidor de Molina, o la construcción de la torre de Orea y las banderías contra Juan Ruiz de los Quemadales, el Caballero Viejo de Molina, a las que se refiere Núñez. Otro factor que no debe perderse de vista, a su vez motivado por la anarquía generada en el reinado de Enrique IV y por la presión ganadera, es la apropiación jurisdiccional de despoblados y aldeas pequeñas por parte de miembros de la nobleza urbana de Molina, de modo que durante este tiempo son numerosos los conflictos motivados por ello entre éstos y el Común de la Tierra (15). Así, Motos habría sido ocupada por el caballero, y aún tras su muerte se admite eventualmente por la realeza la posesión del lugar por parte de su hijo Pedro, “cuya es Motos” (16). Un caso muy similar al de Motos sería el de Establés, en la sesma del Campo, el cual habría sido tomado por aquella misma época por parte de un Gabriel de Ureña, con un cruel sometimiento de la población de la aldea (17).

En todo caso, estos personajes, que proliferan en la época, suelen actuar con cuadrillas de bandoleros fuera de la ley, pero es posible que el caballero de Motos contase con el apoyo, voluntario o no, de concejos enteros de algunas aldeas vecinas. Esto explicaría la denuncia que hacen los vecinos de Used (Comunidad de Daroca) en 1473, los cuales se quejan de los

robos e danyos que recibiemos por los dichos cauallero de Motos e los de Allustante” (18).

Sea como fuere, sus acciones se registran en un amplio radio de la geografía fronteriza, con réplicas tanto de las comunidades aragonesas como del corregimiento de Molina, los cuales habrían llevado a cabo hasta en dos ocasiones (1473 y 1475) el asalto a la torre de Motos (19).

LA MUERTE DEL CABALLERO Y EL RETORNO AL REALENGO.

   Una de las cuestiones que seña-la Núñez es la repentina conversión de Hita de malvado a admirado. Cierto. Por razones que se nos escapan, el caballero de Motos en el período final de su vida, acaso por el cambio político que conllevó la subida al trono de los Reyes Católicos, pasa a colaborar con la Corona, y de hecho su muerte se habría producido como resultado de una acción de servicio a ésta en la Tierra de Cuenca. En ella habría caído preso en manos de hombres de Lope Vázquez de Acuña, señor de Buendía y Dueñas y adelantado de Cazorla, el cual lo habría tenido preso durante ocho o nueve meses. Su hijo, Pedro de Motos, entrega como rescate cien mil maravedís a Esteban Coello, señor de Montalvo, con la condición de que se trajera vivo “e sin lisión”. Sin embargo, todo resulta inútil, de modo que

dentro de dicho término truxeron a vuestro poder al dicho cauallero de Motos muerto en una carreta, el qual avía quarenta días que era ya muerto e dos que asy traydo”.

Los reyes emiten una sentencia en la que se dan estos datos el 4 de octubre de 1477 y en la que obligaban a Coello a devolver los cien mil maravedís (20).

   Como se ha podido observar, Pedro de Motos, mantendrá por un tiempo la posesión del lugar, aunque muy pronto, el 12 de enero de 1478, la Corona le ordenará el desembargo de Motos ante la queja del Común de la Tierra de Molina, “pues dis que non es vuestro” sino de la jurisdicción de la villa de Molina, por lo que el Común reclama también que el lugar siga tributando a la Corona (21). Este parece ser el final del in-tento de enajenación de Motos del realengo por parte de ambos caballe-ros, padre e hijo.

En 1479 se produce la demolición del castillo de Motos, conocida a través de Zurita:

En el mismo tiempo mandó el rey [Fernando el Católico] derribar la torre y castillo de Motos, en Castilla, en la frontera de la Comunidad de Daroca, por los robos y insultos que dél hacían los malhechores que se recogían a aquella fuerza, de donde se hacía mucho daño en las fronteras de Aragón y Castilla” (22).

El 13 de enero de 1480 la Corona, desde Toledo, concede a Pedro de Motos “todo el canto e piedra que se derrocó de la fortalesa e torre de Motos” (23). No obstante, Núñez dice que aún en su tiempo, recordemos, a fines del XVI, persistía

en este lugar una torre fuerte que la hizo el caballero de Motos”,

acaso ya solo restos.

En cuanto al linaje del caballero, Pedro de Motos debió de mantenerse como uno de los más ricos ganaderos de la Tierra de Molina; junto a su madre, Catalina, y hermanos mantienen bienes y ganados. Es posible que un tal Pero (Pedro) Malo de Motos, ganadero, considerado a fin del siglo XV una de las mayores fortunas de la Tierra de Molina, perteneciese a esta familia (24). Núñez a este respecto comenta en su época:

y aun he oydo dezir a personas fidedignas que oy en día ay en Aragón algunos deudos y descendientes de este cauallero de Mottos que se prezian de ser de su linaje, y pocos días ha que murió un criado del rey llamado Antonio Sánchez, a quien el rey auía echo merced de un hábito de Santiago, y probó ser descendiente de este cauallero; oy día se muestran algunas cosas de él, como es un freno de su cauallo que tiene D. Juan Garcés, señor de Santa Croche, que lo estima por la antigüedad que representa”.

Motos, el cerro del Castillo o Abadía.

En la actualidad, de la memoria de aquellos hechos, aparte de la leyenda, no queda más que el topónimo de El Castillo en el plano Catastral de Motos, si bien las prospecciones arqueológicas hablan de un recinto amurallado, fabricado con aparejo de mampostería caliza de mediano tamaño. En el interior del recinto parece que existió una torre y un aljibe excavado en la roca madre con revestimiento de argamasa. También se han descubierto indicios de la existencia de un foso ubicado en el flanco sur del cerro que delimitaba el recinto por esta parte. Asimismo, se ha hallado material cerámico que indica que el asentamiento estuvo poblado ya en época medieval andalusí, con lo que la torre pudo haber tenido origen en una época muy anterior (25). Son los restos del conjunto fortificado o mota que pudo dar nombre al pueblo, y sin duda, también renombre, debido a un personaje que, durante siglos ha pervivido en la memoria colectiva de la frontera de Cas-tilla y Aragón, en la frontera entre la leyenda y la historia.

Agradecimientos a Diego Sanz Martinez y asociación cultural Hontanar

Articulo Publicado en la Revista de Hontanar Nº58 (Abril 2012)

1.- LAYNA SERRANO, F. Castillos de Guadalajara, Aache, Guadalajara, 1994 [1ª ed.: Nuevas Gráficas, Madrid, 1933], pp. 475-478 ;

2.- SANZ Y DÍAZ, J. “Leyendas molinesas: La cautiva del castillo de Motos” en El Alcázar (11-VII-1947) ;

3.- SANZ Y DÍAZ, J. “Alustante y el caballero de Motos. V centenario de la demolición de su castillo” en Lucha [Diario de Teruel] (13-VI-1979) ;

4.- Ver MORETA VELAYOS, S. Malhechores feudales: violencia, antagonismos y a alianzas de clases en Castilla, Cátedra, Madrid, 1978 ;

5.- NÚÑEZ, F. Archivo de las cosas notables de esta leal villa de Molina, fol. 187r-v (Archivo Cabildo Eclesiástico de Molina). [Agradecemos la copia proporcionada por AZPICUETA, S.] ;

6.- Fuero de Molina, “De caballeros de la sierra”, Biblioteca Palacio Real, II-2421, fol. 9v ;

7.- Archivo Comunidad Señorío de Molina (ACSM), sign. 23.1, fol. 57v ;

8.- Cit. VASSBERG, D. Tierra y sociedad en Castilla, ed. Crítica, Barcelona, 1986, p. 106 ;

9.- ACSM, sign. 45.5, fols. 2r-2v ;

10.- PALENCIA, A. Crónica de Enrique IV (Tr. PAZ Y MELIA, A.), T. I, Tipografía de la Rev. de Archivos, Madrid, 1904, pp. 519-520 ;

11.- LÓPEZ DE LA TORRE Y MALO, G. Chorográfica descripción del muy noble y leal Señorío de Molina, s.l. s.a [c. 1746]. 118. (BNE, 2/62180) ;

12.- BERGES SÁNCHEZ, J.M., Actividad y estructuras pecuarias en la Comunidad de Albarracín (1284-1516), CECAL, Teruel, 2009, pp. 116-117 ;

13.- Archivo Histórico Nacional (AHN), Comunidad de Daroca, Car. 56, n. 71 (1473-10-08) ;

14.- Cit. en LAYNA SERRANO, F. Castillos de Guadalajara, op. cit. p. 478 ;

15.- DIAGO HERNANDO, M. “Los términos despoblados en las Comunidades de Villa y Tierra del Sistema Ibérico Castellano a finales de la Edad Me-dia” en Hispania, LI/2 nº 178 (1991), pp. 467-515 [496-501] ;

16.- Archivo General de Simancas (AGS), RGS, Leg. 147710, 61 ;

17.- NÚÑEZ, F. op. cit., fol. 189r.; SÁNCHEZ PORTOCARRERO, D. Historia de los Señores de Molina, T. I, 48r-v, (BNE, Ms, 1556); LAYNA SERRA-NO, F. op.cit., pp. 457-463 ;

18.- AHN, Comunidad de Daroca, Car. 56, n. 71 (1473-10-08) ;

19.- BERGES SÁNCHEZ, J.M. op. cit. p. 117 ;

20.- AGS, RGS, Leg. 147710, 61;

21.- AGS, RGS, Leg. 147801, 224 ;

22.- ZURITA, J. Anales de la Corona de Aragón, (Ed.) CANELLAS, A., IFC, Zaragoza, 1998, T. VIII, p. 372. ;

23.- AGS-RGS, Leg. 148001, 15 ;

24.- DIAGO HERNANDO, M. “Ganaderos trashumantes y mercaderes de lanas en Molina y su Tierra durante el reinado de los Reyes Católicos” en Wad-Al-Hayara, 19, (1992), pp. 129-149 [146-149];

25.- VV.AA. Protección del patrimonio arqueológico en el planeamiento urbanístico de Alustante, JCCM, s.l. s.a., p. 42.